La luz azul forma parte del espectro solar. Su corta longitud de onda, situada entre 380 y 500 nm, proyecta una gran cantidad de energía, que, aunque en parte es beneficiosa para nuestro organismo, también puede ser perjudicial.
No solo es emitida por el sol, sino también por un gran número de fuentes luminosas artificiales como las pantallas de ordenadores, smartphones, tablets, televisiones y las lámparas LEDS.
Sólo una pequeña parte de la luz azul es potencialmente peligrosa, en concreto, la que contiene las longitudes de onda azul-violeta.

¿Cómo nos afecta?

La tez se vuelve más apagada, menos homogénea, aparecen rojeces y se generan hiperpigmentaciones incluso en fototipos altos.

Contrariamente a las radiaciones UV que pueden provocar una quemadura solar rápida y sus consecuencias sobre la piel son en seguida visibles, la agresión producida por la luz azul no es instantánea se generan progresivamente. Es a fuerza de exponerse, y al cabo de un cierto número de años, que va a producirse la hiperpigmentación y la aparición de las arrugas.

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